Corren tiempos inciertos en los que lo necesario no siempre es visible. En los tiempos que nos ha tocado vivir resulta que nos gobiernan expertos constructores de muros, sofisticados hacedores de humo y fabricantes de interruptores que sólo permiten apagar la luz. Mientras tanto los que tenéis, o tenemos, vocación de hacer puentes y encender luces hemos caído en el desánimo. Nos hemos perdido en el laberinto de nuestras ideas irrealizables. Hemos decidido vagar convencidos de nuestra soledad, pese a ser millones de solitarios individuos por todas partes. Hemos buscado la paz en el “no se puede, bajemos los brazos” nihilista y ahora los abandonos son mayores que los compromisos. El miedo y la creencia de que nada se puede hacer por cambiar las cosas son hegemónicos en la era del sálvese quién pueda. Si bien, no todo está perdido: la gente idealista no halla la paz en medio de la angustia ajena y el despropósito del monstruo capitalista.

Ser de izquierdas no es una mera pose freudiana, aunque sin embargo creemos en algo parecido a la cura del habla: la dialéctica. Pues eso, hablemos. Alto y claro, es urgente: hay una maquinaria que está engullendo todas las nobles verdades. Es la maquinaria que bombardea Líbano, que mata en Irak, que provoca que cada tres segundos se muera un niño de hambre. Es la maquinaria que arrebata democracias y vidas a ritmo de pena de muerte. Sabes de lo que te hablo, es un halo misterioso que hace inevitable el empleo precario, que impone la libertad del que más tiene en detrimento del que no tiene más que sus manos. Son distintos grados de una misma realidad, que también construye miles de viviendas a precios desorbitados, que construye un balcón del tajuña a dos kilómetros de tu mirada o que te pone una central térmica encima de tu alvéolos pulmonares. Es ese cinturón que asfixia tus más lejanas utopías y tus más cercanas realidades. Un gigante de materia incorpórea... pero tozuda.

Por eso frente al fundamentalismo de mercado se debe imponer la democracia participativa, el asamblearismo, el debate y la política entendida como filosofía y acción. Una forma de llegar a un mundo mejor, a unos valores más justos, a una sociedad más culta o a una vida más digna. También es el camino a no escuchar “tendrá que esperar tres meses”, “ subida de dos puntos del IPC” (o sea subida de precio y tu con estos pelos y estos sueldos), “son 30 metros cuadrados para su disfrute” o “ doscientos mil euros a 50 años“. Que no nos engañen; la política no es el amasijo de poder y la campaña de imagen que nos imponen los bipartidistas, que lo mismo te proponen un viaje a la luna de lo privado que mano dura contra el hermano inmigrante, que dicen, viene a por tu trabajo. Es la filosofía que presientes, que oyes en los bares, en las canciones, en las camisetas, en estas líneas o en los libros. Es un pensamiento profundo llevado a la práctica: Es ser de izquierdas.

Por eso desde Izquierda Unida te invitamos a que participes en las asambleas, a que exista tu voz y tu pensamiento. Sabemos que eres más que una camiseta del ché o que eres justamente lo que llevas: porque a algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino que los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro.

Deprisa, nadie lo puede hacer por ti y el tiempo apremia. No es un voto lo que te pedimos sino una llamada a la democracia ciudadana. No es una quimera, mírate, existes y estás ahí, al otro lado de estas líneas. Hagamos algo juntos, estamos tan cerca... salgamos de nuestras casas, fuera no hay un laberinto imposible: Está la calle. Y es nuestra.

Instrúyete, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia.
Conmuévete, porque necesitaremos de todo nuestro entusiasmo.
Organízate, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza.